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Juego de espejos

Claudia Clavel Duran

20 enero 2019

3 comentarios

Juego de espejos

Después de un ligero parpadeo sintió como le temblaba todo el cuerpo al darse cuenta de lo que veía. Cómo era posible… O no estaban antes, o no se había percatado hasta aquel momento. Habían miles de reflejos a su alrededor. Las paredes de aquel lugar estaban cubiertas por espejos. Todas sin excepción.  Instintivamente acerco una mano a la pared más cercana en intento de volver a la realidad pero el frío de aquel vidrio la hizo retroceder asustada al percibir que aquello era real. Miró a su alrededor, era increíble que pudiese ser cierto aquello, paredes, techos, suelos… todo eran espejos. Una parte de sí misma se fascinaba, y otra le dejaba un gélido sentir en sus entrañas. 

 

Aturdida por la peculiaridad de aquel lugar se puso a dar vueltas sobre sí misma, mirando. Dentro de esa desorientación empezó a sentirse atraída por los reflejos de su imagen. Hermosa se veía, sonriéndose… Aunque observando un poco más pudo ver que habían diferencias. No en la apariencia de los espejos, sino en lo que reflejaban de ella. Si miraba detenidamente, cada uno le acentuaba un aspecto diferente de su imagen real. No es que reflejaran una persona completamente distinta sin poder llegar a reconocerse, se reconocía pero…¿se identificaba? Por ejemplo, sus ojos seguían siendo azules, pero quizá un espejo los simulaba un poco más grandes de lo normal, mientras que tal vez otro los reflejaba mas pequeños, y así con cada una de las partes de su imagen. De ella. Era curioso porque cuando se situaba equidistante de los espejos más cercanos, si observaba los que estaban lejos, estos parecían reflejarla como ella se recordaba. En ese momento, ilusa por haber encontrado alguno con su imagen real, se acercaba rápidamente y… nuevamente un matiz de su persona no lo reflejaba con exactitud. 

 

Sin darse cuenta empezó a recorrer aquel lugar buscándose por los diferentes espejos. Iba de un espejo a otro, de uno a otro, de uno a otro… Empezó muy efusiva aquello que parecía un juego, le resultaba divertido. Parecía estar jugando al escondite consigo misma. Al cabo de un tiempo, al ver que no era tan fácil encontrarse intentó concentrarse. Pero pronto comenzó a obcecarse por encontrar el acertado. A medida que pasaba el tiempo en su búsqueda se puso rabiosa, enfadada. El juego pareció tornarse una broma pesada, pues no se reconocía plenamente en ninguno de ellos. Seguía mirando ofuscada. No había manera. La multiplicidad de imágenes de su persona empezaron a aturdirla literalmente. Su desorientación la llevo a un punto en que ya no sabía qué aspectos mostraban distorsionados sus reflejos o era ella quien los veía equivocados después de tanto fijarse en los detalles. Ahora dudaba de sus percepciones. Qué era real. Dónde estaba lo cierto. Muchas de aquellas imágenes no le gustaban en absoluto. Empezó a sentirse fea y vulnerable a la vez. Juzgada, observada, señalada. Como si algo o alguien estuviese ridiculizando sus aspectos más desagradables… los menos afables… Que por lo visto, y según las diferentes perspectivas, podían ser todos. En la estancia con sus imágenes que iban y venían, los espejos parecían moverse… ¿o era ella quien lo hacía? Necesitaba salir de allí. 

 

Dio unos pasos atrás hasta situarse equitativamente distante entre las diferentes paredes y fue entonces cuando se dio cuenta que no sabía dónde estaba. En medio de un pequeño pasillo angosto formado por miles de reflejos. No sabía cuál era el principio, cuál era el final o dónde estaba la salida. Se encontraba totalmente perdida en aquel túnel. Instintivamente se puso a correr, con tan mala fortuna que al hacerlo, después de las primeras cinco zancadas chocó estrepitosamente contra un espejo cayendo al suelo. ¿Cómo era posible? Se levantó y volvió a intentarlo en la otra dirección. Para volver a chocar de nuevo con otro. A la tercera vez que su intento de huida la hizo volver a caer, se percató de que aquel lugar no se trataba de un túnel, sino de algo más complejo… Estaba en medio de un laberinto.  El calor de la certeza invadió su cuerpo y la ansiedad empezó a tomar parte de su pecho alterando la respiración. Debía actuar de otra modo si quería salir de allí y aunque dentro de su aturdimiento conservada un hilo de sentido común, el pánico ya había anegado sus sentidos haciéndole desvanecer por completo. 

 

***   ***   ***

 

“Hoy confieso, confieso lo que siento. Me siento vieja. Muy vieja y cansada. Pero no vieja de unas décadas de años, sino vieja de verdad, de siglos tal vez. Y no cansada de de cuatro cosas, sino de divagar…Tanto tiempo errando. Me devano los sesos entre tanto intento de mi mente por encontrar un sentido, mas no hay sentido alguno, porque ¡no lo hay! Y aún así mi intento ciego y continuado de hacer, de llenar, de buscar… volver a hacer… ¡Mil! Mil explicaciones te pueden dar de todo tipo e ideología: sociales, racionales, científicas, espirituales, emocionales, políticas, religiosas, paranormales, universales, planetarias…. ¡Miles! Pero ninguna me sirve, ninguna existe en realidad. Mi sensación de “in-explicación” tras conocerlas sigue siendo la misma. Nadie tiene la respuesta, no existe, y las que me dan, esas, no me sirven. Siendo honesta, porque la vejez no da opción a otra cosa, sé que no hay respuesta. Aunque haya una inercia que quiera seguir en su busca. Nada calma la inquietud interna. Y así vieja, sentada ya, en el corazón del laberinto de la vida me pregunto, ¿a qué tanto ruido? ¿a qué? Tanto ruido interno y externo. No. Soplo a los fantasmas y el soplido ligero desvanece las murallas del recorrido cual cortinas de humo quedándome sola y con una única certeza como voluntad… Amarte. 

De este modo vuelven a formarse sin más las paredes del laberinto, del que ya me siento siempre en el centro, mi centro, esté donde esté. Ahora vuelve a dibujarse la sutil curvatura en mis comisuras… Ahora ya sé que lo único que quiero, vida mía, es abrazarte, en cada instante que me brindes, conocedora ya del silencio, bajo tus ruidos.” 

 

***   ***   ***

 

Volvió en sí. Sentía un leve dolor de cabeza y parecía estar agotada físicamente, pero se sentía más ligera.

Se levantó del suelo, miró a su alrededor confusa aunque tranquila, ¿había pasado algo?  Se encogió de hombros y liviana retomó su andanza.

3 comentarios

  • Carmen dice:

    Sencillo pero lleno de genialidad al mismo tiempo
    La vida son millones de espejos Gracias Claudia

    • Rosa dice:

      Precioso cuento. A mi me transmite todas esas emociones que te provoca el estar viva. El recuerdo, los anelos, las derrotas, los logros…El camino que recorre la persona para vivir en sintonía con su esencia…
      Gracias hermosa…

  • susana dice:

    Precioso claudia leo tu relato y pienso….anda a mi tb me ha pasado…que manera tan especial y genial de poner palabras a esto q yo tb he sentido en alguna ocasion. Lo q mas me resuena en este momento es la importancia de amarse uno mismo, con lo q es y con lo q hay.Un fuerte abrazo, muchas gracias por tus relatos son maravillosos

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